MILITANCIA ESCEPTICA

Traduzco a continuación un excelente artículo del profesor Lawrence Krauss – doctor en Física Teórica y director del Proyecto Orígenes en la Universidad de Arizona –, publicado recientemente por The New Yorker, el cual explora las razones por las que los científicos, y en general todos quienes adherimos al pensamiento crítico, no deberíamos permanecer callados ante quienes han optado por refugiarse en el pensamiento mágico.

DEBERÍAN SER TODOS LOS CIENTÍFICOS ATEOS MILITANTES ?.

Por Lawrence Krauss

Lawrence Krauss

Como físico escribo y hablo mucho sobre la notable naturaleza de nuestro cosmos, principalmente porque pienso que la ciencia es un componente clave de nuestra herencia cultural y necesita ser difundida mucho más ampliamente. Algunas veces hago referencia al hecho de que religión y ciencia se encuentran a menudo en conflicto, y de vez en cuando ridiculizo los dogmas religiosos. Y cuando lo hago, algunas veces se me acusa de ser un “ateo militante”. Incluso un sorprendente número de mis colegas me cuestionan gentilmente si no sería mejor evitar ofender a las personas religiosas. No deberíamos respetar la sensibilidad religiosa, evadiendo conflictos potenciales y construyendo un terreno común con los grupos religiosos para crear un mundo mejor y más justo ?.

Esta semana me descubrí  pensando en estas cuestiones mientras seguía el caso de Kim Davis, la funcionaria de condado en Kentucky que desobedeció directamente la orden de un juez federal de otorgar licencias de matrimonio a parejas gay, y, como resultado, fue encarcelada por desacato a la corte (fue liberada hoy). Quienes apoyan a Davis, incluyendo el senador por el estado de Kentucky y candidato presidencial Rand Paul, están protestando por lo que consideran una afrenta a su libertad de conciencia. Es “absurdo encarcelar a alguien por ejercer sus derechos religiosos”, declaró Paul en CNN.

El caso de Kim Davis nos remite a una pregunta básica : hasta dónde deberíamos permitir que las personas quebranten la ley si sus convicciones religiosas se oponen a ella?. Es posible llevar esta pregunta a extremos tales que hasta el senador Paul podría encontrar absurdos : imaginemos, por ejemplo, un yihadista cuya interpretación del Corán sugiriese que se le debería permitir decapitar infieles y apóstatas. Debería permitírsele quebrantar la ley ?. O bien, sin ir tan lejos, imaginemos el caso de un funcionario de condado que fuera un fundamentalista islámico y se negara a permitir que hombres y mujeres no casados ingresaran juntos a sus oficinas, o a entregar licencias de matrimonios a mujeres que no llevaran velo. Desde el punto de vista de Rand Paul, qué separaría estos casos del protagonizado por Kim Davis ?. Sospecho que la diferencia sustancial radicaría en que el senador Paul comparte las creencias religiosas de Kim Davies pero no las de esos hipotéticos fundamentalistas islámicos.

El problema, obviamente, es que aquello que resulta sagrado para una persona puede carecer de significado (o resultar repugnante) para otra. Esa es la razón principal por la cual la sociedad secular moderna generalmente legisla contra las acciones, no contra las ideas. Ninguna idea o creencia debería ser ilegal ; consecuentemente, ninguna idea debería ser tan sagrada como para justificar legalmente acciones que de otra manera serían ilegales. Davis tiene derecho a creer lo que quiera, al igual que un yihadista tiene derecho a sus propias convicciones ; en ambos casos la ley no restringe su derecho a creer, sino su derecho a hacer.

En el curso de los últimos años este terreno se ha convertido en una zona cada vez más oscura. Bajo la bandera de la libertad religiosa, individuos, estados e incluso corporaciones – como ha sido el caso de Hobby Lobby – han argumentado que deberían estar exentos de cumplir ciertas leyes sobre la base de sus convicciones religiosas (las leyes respecto de las cuales pretenden estar exentos no refieren a cuestiones religiosas, sino a derechos sociales tales como el aborto y el matrimonio homosexual). El gobierno tiene la obligación de asegurar que todos los ciudadanos sean tratados igualitariamente, pero los defensores de la “libertad religiosa” pretenden que sus ideales deberían estar por encima de los de todos los demás como justificación de diversas actitudes y acciones. En una sociedad secular, eso resulta inapropiado.

La controversia generada por el caso de Kim Davis ha sido posible porque, como cultura, hemos elevado el respeto hacia la sensibilidad religiosa a un nivel inapropiado que hace que la sociedad sea menos y no más libre. Libertad religiosa debería significar que ningún ideal religioso ha de ser tratado de manera diferente a otros ideales. Las leyes no deberían ser invocada en beneficio de aquellos cuyo único propósito es denigrar las convicciones de alguien, pero, en el mismo sentido, la ley tampoco debería ser usada para otorgar a este alguien ningún trato especial.

En el terreno de la ciencia, desde luego, la sola palabra “sagrado” es un término profano. Ninguna idea, sea religiosa o de cualquier otra naturaleza, tiene via libre. La noción de que una idea o concepto pueda estar libre de cuestionamiento o ataque constituye un verdadero anatema para la comunidad científica. El compromiso de cuestionar abiertamente se encuentra vinculado profundamente al hecho de que la ciencia es una disciplina atea. El biólogo J.B.S. Haldane escribió en 1934 : “ Mi práctica como científico es atea. Es decir, cuando llevo a cabo un experimento, asumo que ningún dios, ángel o demonio interferirá con su desarrollo, y esta asunción se ha visto justificada por el éxito que he alcanzado en carrera profesional”. Resulta irónico, realmente, que tantas personas tengan esa fijación acerca de la relación entre ciencia y religión, dado que esa relación simplemente no existe. Creer o no creer en Dios es irrelevante para nuestro entendimiento sobre cómo trabaja la naturaleza – tan irrelevante como lo es para la cuestión de si los ciudadanos deberíamos o no estar obligados a cumplir la ley.

Dado que la ciencia sostiene que ninguna idea es sagrada, resulta inevitable que aparte a las personas de la religión. Cuanto más aprendemos acerca de cómo funciona el universo, tanto más evidente parece el hecho de que el universo no tiene ningún propósito. Los científicos tienen la obligación de no mentir acerca del mundo natural. Aún así, para no ofender, suponen a veces erróneamente que los descubrimientos científicos pueden convivir en fácil harmonía con las doctrinas religiosas preexistentes, o guardar silencio en lugar de señalar las contradicciones entre la ciencia y las doctrinas religiosas. Es una extraña inconsistencia, ya que los científicos a menudo disienten alegremente con otro tipo de creencias. Los astrónomos no tienen problema en ridiculizar las afirmaciones de los astrólogos, aún cuando una significativa fracción del público cree tales afirmaciones. Los doctores no tienen problema en condenar las acciones de los activistas anti-vacunas que ponen en riesgo la salud de los niños. Y aún así, por razones de decoro, muchos científicos se muestran preocupados de que ridiculizar ciertas afirmaciones religiosas pueda alejar al público de la ciencia. Al hacer ésto están siendo condescendientes, en el mejor de los casos, o hipócritas en el peor.

Esta reticencia puede tener consecuencias serias. Consideremos el ejemplo de Planificación Familiar. Algunos legisladores están impulsando el “cierre del gobierno” (suspensión de todos los servicios no esenciales) a menos que se quiten los fondos federales para Planificación Familiar del presupuesto para el año fiscal que comienza el 1 de octubre. Por qué ?. Pues porque Planificación Familiar suministra a los investigadores científicas muestras de tejido fetal obtenidas a partir de abortos con la esperanza de encontrar la cura a diversas enfermedades, desde alzheimer hasta cáncer (almacenar y preservar esas muestras de tejido requiere recursos, y Planificación Familiar carga los costos a los investigadores). Es claro que muchas personas que protestan contra Planificación Familiar se oponen al aborto con base en sus convicciones religiosas y son, en mayor o menor grado, anti-ciencia. Deberían los científicos retraerse frente al riesgo de ofender o alterar a estas personas?. O deberíamos hablar más alto para señalar que, independientemente de cuáles sean las creencias de cada quien acerca de lo que es sagrado, sin esos fondos habría que desechar esas muestras de tejido, aún cuando las mismas podrían ayudar a mejorar y salvar vidas ?.

Ultimamente, cuando dudamos en cuestionar abiertamente ciertas creencias porque no deseamos correr el riesgo de ofender, lo que hacemos es convertir en tabú el acto mismo de cuestionar. Es en este punto que el imperativo de los científicos de hablar claro me parece más urgente. Como resultado de hablar sobre cuestiones de ciencia y religión he sabido de muchos jóvenes que se han visto expuestos a la humillación y el ostracismo por el solo hecho de haber cuestionado las creencias religiosas de sus familias. En algunos casos se les ha negado derechos o privilegios debido a que sus acciones confrontan las creencias de otros. Los científicos necesitan prepararse para demostrar con su ejemplo que cuestionar las verdades reveladas, especialmente las “verdades sagradas”, es parte esencial de vivir en un país libre.

En resumen, veo una relación directa entre la ética que guia a la ciencia y aquella que guía la vida ciudadana. La Cosmología, que es mi especialidad, parece estar muy lejos de la negativa de Kim Davis a otorgar licencias de matrimonio a parejas gay, pero de hecho aplican los mismos valores en ambos terrenos. Cada vez que una afirmación científica es presentada como incuestionable, ello socava los fundamentos de la ciencia. De igual modo, si permitimos que se realicen impunemente acciones o afirmaciones religiosas que afectan nuestra sociedad, estaremos socavando la democracia secular moderna. Nos debemos a nosotros mismos y a nuestros niños no dar vía libre a los gobiernos, ya sean totalitarios, teocráticos o democráticos, que promuevan, alienten, autoricen o legitimen de cualquier otra manera la supresión del derecho a cuestionar abiertamente a fin de proteger ideas que se consideran “sagradas”. Quinientos años de ciencia han liberado a la humanidad de los grilletes de la ignorancia. Debemos celebrar este hecho abierta y entusiastamente, sin importar a quién podamos ofender.

Si ésto da pie a que alguien sea llamado “ateo militante”, entonces ningún científico debería sentirse avergonzado de esta etiqueta.

Desde luego entiendo que el punto expuesto tan convincentemente por el profesor Krauss aplica no sólo a la comunidad científica, sino a todos aquellos que, sin importar cuál sea nuestra formación y ocupación, hemos llegado a valorar y atesorar esa misma liberación de los grilletes de la ignorancia y la superstición. Todos deberíamos abrazar el compromiso de cuestionar abiertamente, y sin temor de ofender a nadie, cualquier forma de pensamiento no racional.

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