SOY UN ANIMAL

Pues sí, me siento orgulloso de declararlo. La investigación genética ha revelado que los seres humanos tenemos un porcentaje considerable de genes en común con las demás especies animales, e incluso con las plantas – de hecho una cuarta parte de nuestro código genético es prácticamente idéntica a la que contiene un grano de arroz –, lo cual pone en evidencia, sin ningún lugar a dudas, que todos los seres vivos que habitamos este planeta descendemos de un ancestro común. En otras palabras, por muy diferente que sea nuestra apariencia, somos todos primos y producto de ese fenómeno realmente asombroso que es la EVOLUCIÓN.

Si mirábamos con cierta afinidad a los chimpancés, con quienes tenemos un 99% de genes en común, deberíamos empezar a dedicar un poco más de respeto a todas las demás especies, tanto animales como vegetales, dado que existen a partir de un mismo origen y un mismo principio – para empezar somos todos formas de vida con base en moléculas de carbono –, y si bien hoy podemos considerarnos como la especie dominante del planeta – aunque a juzgar por los devastadores efectos que nuestro comportamiento ha tenido sobre él podríamos calificar más bien como plaga –, lo cierto es que hasta hace relativamente poco tiempo, en términos evolutivos, éramos una presa más en el menú de los grandes predadores, y todavía podemos serlo ocasionalmente si nuestra mala suerte nos coloca desarmados frente un predador carnívoro que lleva incorporadas todas las herramientas necesarias para hacernos picadillo.

Y en este punto viene seguramente la pregunta necia : por qué deberíamos los humanos respetar a las demás especies animales si éstas no nos respetan en absoluto cuando se les presenta la oportunidad ?. Pues yo diría, para empezar, que para honrar en algo nuestra tan mentada inteligencia, así como también el postulado que señala que un gran poder implica siempre una gran responsabilidad, porque no hay duda de que los seres humanos hemos logrado desarrollar un gran poder – el suficiente al menos como para haber alterado sustancialmente el equilibrio natural y haber llegado a ser perfectamente capaces de arrasar con la mayor parte de las formas de vida en la Tierra con sólo apretar un par de botones. Y dado que la evolución, en lugar de dotarnos con enormes garras o colmillos, o en su defecto con un exterior menos vulnerable, nos ha obsequiado justamente ésto que llamamos inteligencia, de la que tan orgullosos nos sentimos y a partir de la cual hemos adquirido la capacidad de valorar nuestras conductas en un sentido moral o ético, entiendo que este poder nos impone la obligación de medirnos y poner coto a lo que hacemos con el supuesto objetivo de asegurar nuestra subsistencia (vamos, no nos hagamos los tontos, que hace rato hemos superado como especie los límites de la mera subsistencia y tenemos herramientas de sobra para preservar nuestra forma de vida sin necesidad de reventar todo lo que nos rodea).

Es muy claro que necesitamos encarar urgentemente un severo cambio de actitud, tanto a nivel individual como colectivo, y que este cambio debe pasar por reconocer que las demás especies vivas y la nuestra son iguales en lo esencial, además de navegar todas en un mismo buque. Ésto no significa caer en la tontería de no matar para comer, como ingenuamente abogan los sedicentes veganos. Matar para comer es parte del proceso de la vida, tal como nos enseña la simple observación de la naturaleza, y no por nada resulta que los humanos  evolucionamos de presas a predadores, en particular debido justamente al desarrollo de nuestra inteligencia, una adpatación evolutiva en la que el consumo de carne parece haber desempeñado un rol no menor. Por otra parte, dejar de consumir carne de animales que actualmente se encuentran domesticados y son criados con el propósito de servirnos de alimento, podría tener consecuencias ecológicamente catastróficas a nivel global. El respeto hacia la naturaleza pasa más bien por asumir una actitud similar a la de un jardinero, es decir, por vigilar y preservar el equilibrio natural de la vida, procurando que nuestras acciones no alteren ese equilibrio y buscando alternativas que resulten sustentables tanto en relación con la naturaleza como con nuestras necesidades alimentarias y económicas.

La civilización humana se encuentra cada vez más cerca de alcanzar el punto crítico en el que las consecuencias adversas de nuestras acciones podrían no tener retorno. Es hora por tanto de vanagloriarnos menos y ser más responsables. Ciertamente nada impedirá que en unos 5000 de millones de años la estella que llamamos Sol se agote y nuestro planeta deje de ser un lugar habitable, o que eventualmente tenga lugar en cualquier momento un cataclismo que produzca una extinción masiva, como ya ha sucedido al menos cinco veces en la historia de la Tierra, pero en tanto eso no suceda sería realmente vergonzoso que la inteligente especie humana acabara provocando la degradación irreversible de su propio lugar en el cosmos.

Anuncios
SOY UN ANIMAL

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s